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La aritmética de la felicidad

31 de mayo de 2008

“Si quieres hacer feliz a alguien, no incrementes sus riquezas, reduce sus deseos” EPICURO (341-270 A.C.) GRECIA

No puedo estar más de acuerdo. Hemos oído mil veces el famoso refrán: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”.

En mi vida he conocido a mucha gente con “dinero” y “riquezas” (lo pongo entre comillas, porque comparados conmigo si tenían o tienen mucho dinero, pero comparados con otros no). Todas
esas personas eran muy ricas por fuera, pero muy pobres por dentro en su mayoría. El almacenar riquezas es contraproducente a mi parecer, ya que cuanto más se tiene, más se quiere. Tan sólo personas grandes de espíritu e iluminadas son capaces de evitar esto, como en su tiempo lo fue Buda.

Estamos llenos de deseos materiales en la mayor parte de los casos. Creo que debemos pararnos a meditar la siguiente cuestión: ‘En caso de que todos esos deseos materiales nos fueran concedidos: ¿Aparecerían más deseos a lo largo de nuestra vida?’. La respuesta es sí, sí aparecerían más, yo me atrevería a decir que muchos más.
El problema de nuestros deseos es que crecen en una parte indirectamente proporcional con nuestra felicidad. Cuantas más cosas deseamos tener y no podemos tenerlas, nuestra felicidad disminuye. Y lo peor de todo es que perdemos nuestro tiempo, nuestra fuerza y gastamos nuestra felicidad en cosas que no lo merecen y que no nos van a hacer felices realmente, sino que nos van a proporcionar ciertos ratos de placer.

Primero y “egoístamente” debemos pensar en nosotros mismos y procurar cesar nuestros deseos para poder ser realmente felices, ya que como un buen amigo y hermano me dijo: “Si no eres feliz tu, jamás podrás hacer feliz a nadie.”. Y aquí quería llegar yo, ya que esta última enseñanza conecta con la primera y protagonista frase de este post. Si de verdad queremos a alguien, y deseamos hacerle feliz, no debemos concederle todos sus deseos y darle todos sus caprichos, si de verdad queremos que esa persona sea feliz debemos ayudarla a calmar esa sed, y enseñarla poco a poco a desvanecer sus deseos.

Comentarios (1)

 

  1. noreply@blogger.com (Olga) dice:

    Estoy de acuerdo con la idea que tenemos de los deseos y el mal que pueden hacernos, y ya no solo los materiales. La palabra deseo nunca la he visto como algo positivo, de hecho, en psicología, se habla de la mala percepción que tenemos de esa palabra y lo amenudo que la confundimos con necesidades. Las necesidades a veces solo son deseos y lo peligroso es no ditinguirlo, ya sea en lo material como en lo espiritual o personal, porque los deseos se pueden tener de muchas formas y en mi opinión hayu que darse cuenta de que son solo eso, un deseo, y luego ver hasta que punto se puede lograr. Yo puedo desear hacer un viaje a China, no es necesario, pero puedo permitirme ese deseo si eso no hace que mi vida dependa de ello. Asi que tampoco digo que haya que eliminar todos nuestros deseos, pero si reconocerlos como fantasmas, ya que no son reales y no son prioritarios. No podemos centrarnos en desear la felicidad sino vivir para obtenerla creciendo por dentro, si el deseo de alcanzarla te invade serás infeliz seguro. Asi que cuidado con lo que deseais, es una palabra compleja con un significado dificil de explicar. Yo procuro simplificar al máximo cuando esa palabra me viene a la mente y llegar a lo que de verdad quiero para ir a mejor y no vivir de ilusiones.
    Una buena idea Isra, me pasaré por aqui para seguir escribiendote.
    Un abrazo enorme!


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