El poder de las palabras
28 de Noviembre de 2009
Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.
Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.
Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serian inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Ella se desplomó y murió.
La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.
Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo.
Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: “-¿No escuchaste lo que te decíamos?”
La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse mas para salir del hoyo.
Esta historia contiene dos lecciones:
La lengua tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento compartida a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarle y finalizar el día.
Una palabra destructiva a alguien que se encuentre desanimado puede ser lo que acabe por destruirlos.
Cualquiera puede hablar palabras que roben a los demás el espíritu que les lleva a seguir en la lucha en medio de tiempos difíciles.
Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobre todo con lo que escuchamos.
No siempre hay que prestar atención, utilicemos lo que es bueno. Hablemos de vida, de alegría, de esperanza, a aquellos que se cruzan en nuestro camino.
El poder de las palabras… A veces es difícil comprender que una palabra de animo pueda hacer tanto bien.
Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.
Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.
Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serian inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Ella se desplomó y murió.
La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.
Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo.
Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: “-¿No escuchaste lo que te decíamos?”
La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más, para salir del hoyo.
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“Porque no sabían que era imposible, lo lograron”, buena historia Israel, muy motivadora. Saludos.
Gracias…
jajajaja, una historía buenisima y además con doble moraleja: la motivación y la comunicación; Es increible como un mismo mensaje nos puede influir de formas tan diferentes según lo receptivos que estemos en el momento en el que lo percibimos o en el estado de ánimo en el que nos encontremos.
A mi una fábula que me gusta mucho es la del escorpión y la rana. Supongo que la conocereis, un saludo!!!
Gracias chicos por vuestras aportaciones.
Me alegro mucho de que os haya gustado
Pues yo no la conozco Raúl, y te invito a que nos la cuentes en un comentario
Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpiónn que le dijo:
—Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme a tu espalda…
—¿Que te lleve a mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser.
—No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón, te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?
Los dos animales siguieron discutiendo hasta que la rana fue persuadida. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró y empezaron la travesía.Llegados al medio del gran río, allí donde se crean los remolinos, de repente el escorpión picó a la rana.Ésta sintió que el veneno mortal se extendía por su cuerpo y, mientras se ahogaba, y con ella el escorpión, le gritó:
-Ves! te lo había dicho! Pero qué has hecho?
-No puedo evitarlo- contestó el escorpión antes de desaparecer en las aguas- Es mi naturaleza.
Yo soy el escorpión…
me suena la histora de Raúl como al cuento del sabio chino que ayudó al escorpion a salir del agua… Saludos!!
Ambas historias de las ranas son muy muy buenas. Creo que todos llevamos dentro un escorpión y una rana, y asi debe ser, nos tocará ser uno y otra y mientras no nos hundan seguiremos el camino.