La Decisión del Cambio
17 de abril de 2010
En otra de mis idas y venidas existenciales, planteo el siguiente dilema: ¿Hasta que punto podemos decidir cambiar?
Hasta ahora había pensado que somos absolutamente responsables de nuestras acciones, y en cierto modo lo sigo pensando. Pero partiendo de la base de que una personalidad se forja además de por si misma por el entorno que la rodea, lanzo la siguiente cuestión: ¿Una persona elige ser cómo es? Yo diría que no. Al menos hasta cierta edad.
Entonces ¿Cuanto tienes cierta edad ya puedes elegir quién y cómo eres? Yo no diría que esto es del todo cierto. Si una personalidad es influida por el entorno en que se desarrolla, ésta ha sido dotada de unas experiencias, conocimientos o herramientas que otra no ha obtenido. Dichas experiencias no tienen porque ser buenas, y han podido asentar los pilares de su ética que tampoco tiene porque ser correcta.
Entonces reflexionemos el caso de una persona X, recién nacida, inocente y desprotegida ante todo lo que le rodea, que vive en un entorno hostil. A lo largo de su vida se le inculcó la violencia, la lucha y la supremacía. Se le habló de orgullo, de fuerza. Vivió en una tierra donde la vida o la muerte apenas tenían valor. Y lo peor de todo, se le enseñó a no pensar, a no plantearse cosas, a tan sólo utilizar su instinto animal.
Durante 50 años vivió así. Hasta que un día mientras andaba sin rumbo se perdió, no supo volver de donde venía y se encontró con otra persona Y, con unos valores y una ética complétamente diferente, y tras verla perdida Y decidió llevar a X a su pueblo donde reina la paz, donde cada uno de sus habitantes a conseguido dominar su ego, practican la buena ética y promulgan la correcta moral. ¿Es posible que la persona X cambie? Lo bonito e idílico sería decir que sí, y quizá también lo fácil. Pero tras 50 años de forjar una personalidad complétamente diferente ¿Puede llegar a tomar la decisión de cambiar sus valores por otros complétamente opuestos a los suyos?
Creo que para ello necesitaría una fase de experimentación, donde comparara que lo que está bien es bueno y le hace sentir bien. Entonces sí cambiaría. Pero ¿Y si lo que experimentara no le hiciese sentir bien? ¿Podría cambiar? Me temo que no. ¿Hasta que punto se le podría responsabilizar de sus actos si hace lo que se le enseñó desde que nació?
Se que he puesto casos muy extremistas, pero quizá necesarios para explicar mejor lo que quiero transmitir. Y lo más curioso es que, es extrapolable a cualquier situación de nuestra vida cotidiana, y hoy me he dado cuenta de ello. No obstante como podréis observar es una entrada repleta de interrogantes.
¿Qué opináis al respecto?
Archivado en Activismo, Curiosidades, Filosofía, Lecturas, Mi Vida, Sucesos









