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Creencia vs Experiencia

07 de julio de 2010

Creencia y Experiencia, dos conceptos sobre los que he meditado bastante en los últimos días.

Durante un tiempo pensé que la Creencia era lo suficientemente fuerte y potente como para convertir en Verdad  y Realidad (al menos para la persona que posee es creencia) lo que fervientemente creía.
Tras la lectura y escucha activa de varias enseñanzas me di cuenta de lo equivocado que estaba.

Puedes creer en una verdad constatada, pero seguro que no se convertirá en una realidad para ti hasta que no la experimentes por mucho que pienses lo contrario. Y esto ocurre en todos los planos desde el más físico y palpable hasta el extremo de lo metafísico y etéreo.
Sin ánimo de generar polémica ni hacer apología del ateísmo, el ejemplo más claro son todas esas personas que tienen creencias religiosas, y un Dios. Pregunto: ¿Alguna vez lo experimentaron? Muchas responderán que sí, porque Él está en todas las cosas y lugares, y que siempre les cuida, pero esa respuesta es más bien una sugestión y educación. Sinceramente, creo que es muy bajo el porcentaje de creyentes que experimentaron sus creencias.

Me viene a la cabeza una pequeña fábula, de la cual parte me inventaré, que viene a explicar mejor mis palabras:

Había cierta persona que acudía a cursos, reuniones y conferencias constantemente de expertos en diferentes materias.
Después de cada encuentro salía reconfortado sobre los conocimientos que había adquirido de ese experto al que había escuchado, pero en cuanto abandonaba el evento y recibía la noticia de que inmediatamente había otro sobre la misma temática cerca de allí, iba sin pensarlo para adquirir más conocimiento, aunque en esa conferencia se dijese lo contrario que había escuchado en la anterior.
Se vanagloriaba continuamente de todo el conocimiento que había adquirido a lo largo de todos esos eventos, pero la realidad era que jamás había experimentado ningún conocimiento de los que había absorbido, tan sólo aceptaba las enseñanzas recibidas.

Cierto día, esa persona estaba sentada en el banco de un parque haciendo tiempo a que comenzase otra conferencia que se encontraba cerca del lugar, junto a él se encontraba sentado un anciano. Comenzaron a hablar, el anciano escuchaba atentamente todas las enseñanzas que la persona había aprendido. Ésta le decía que no entendía como podía estar el anciano sentado en el parque perdiendo el tiempo cuando podía estar aprendiendo continuamente, entonces en anciano le respondió: “No lo necesito, hace años que experimento la felicidad. Además soy demasiado mayor, y no me daría tiempo a probar todo tu saber”.


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